Mauricio García Villegas – Tomado de EL ESPECTADOR – Julio 11 de 2009
Profesor de la U. Nacional e investigador de Dejusticia.
Luego de cuarenta años de lucha infructuosa contra las drogas ilícitas —todo empezó cuando Richard Nixon la emprendió contra los hippies y los jóvenes libertarios de los sesentas—, hoy las opiniones de los partidarios de la legalización empiezan a ser tomadas en serio.
¿Qué ha pasado para que esto finalmente suceda? ¿Fueron acaso los argumentos de los académicos y científicos sociales que durante años pusieron en evidencia la estupidez de esa guerra? ¿O tal vez fue el dolor de las innumerables víctimas que ha dejado esa cruzada puritana? ¿O fue quizás el efecto devastador de las mafias en países como Colombia, Afganistán, Rusia o México?
Pues no, nada de eso. La convicción de los prohibicionistas no tambalea hoy por esas evidencias en su contra, sino por otra cosa: por el dinero que cuesta mantener a los prisioneros de esa guerra.
El caso más dramático se vive en California, un Estado que tiene un déficit de 24 mil millones de dólares, ocasionado por la desastrosa combinación de dos políticas conservadoras: la reducción de los impuestos, por un lado, y la decisión de actuar con dureza frente al consumo de drogas (Get tough on drugs), por el otro. Resultado: mientras hace treinta años el presupuesto destinado a las prisiones era la quinta parte del presupuesto destinado a la educación, hoy ambos presupuestos son iguales y eso debido a que la población carcelaria pasó de 30 mil, a más de 150 mil. Algo parecido sucede en estados como Michigan, Vermont, Oregon, Delaware y Connecticut, entre otros.
Ante semejante descalabro, muchos altos funcionarios están hoy dispuestos a discutir políticas de legalización. Se estima que si los actuales consumidores de marihuana pagaran un pequeño impuesto al consumo, el Estado recolectaría mil trescientos millones de dólares anuales. Eso no acabaría con el déficit actual, pero si a eso se le suma la liberación de todos los que están en la cárcel por fumarse un varillo, la solución estaría muy cerca. Por eso, el gobernador Arnold Schwarzenegger —republicano— ha dicho que el Estado de California está dispuesto a estudiar los méritos de las propuestas de legalización de la marihuana.
Las razones que tiene Schwarzenegger para decir eso son, desde luego, muy distintas a las esgrimidas por los promotores de la legalización: no están fundadas en la defensa de la libertad, no tienen nada que ver con las razones humanitarias que han llevado a los jueces a exigir una mejoría en las condiciones de vida de los presos y tampoco tienen nada que ver con la lucha contra la discriminación de los negros (mientras los consumidores blancos son cinco veces más numerosos que los negros, éstos últimos representan el 62% de los presos por drogas). Son razones simplemente económicas, las mismas que se esgrimen hoy en muchos estados para eliminar la pena de muerte, la cual, aunque no parezca, es mucho más costosa que la cadena perpetua.
Pero a los defensores de la legalización les tiene sin cuidado que los prohibicionistas no crean en principios humanitarios o de libertad. Les basta con que, finalmente, los prohibicionistas sean consecuentes con lo que piensan, es decir, que reconozcan que la mejor manera de ser duros contra las drogas, es legalizándolas.
P.D. Mientras tanto, en Colombia avanza el proyecto de reforma constitucional para penalizar la dosis personal.
La Carambola
F A Hayek: You can either be an economist or an advisor… By moving around the world I have avoided that corruption which government service regularly involves. And more sadly, I have seen in some of my closest friends and sympathizers—I won’t mention names—who completely agreed with me, how few years in government corrupted them intellectually and made them unable to think straight. All my friends who have gone into it and stayed for any length of time have in any sense been corrupted.
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Wednesday, July 15, 2009
Duro contra las drogas
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Rodrigo Diaz
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Sunday, July 12, 2009
Seis conferencias dictadas por el Profesor Ludwig von Mises en Buenos Aires, Argentina, en 1959
Estamos presentando el ciclo de 6 conferencias dictadas por el Profesor Ludwig von Mises en 1959 en Buenos Aires, Argentina. Continuamos con el Prólogo o Prefacio escrito por Margit von Mises, con ocasión de la publicación de las conferencias en 1979:
Prefacio
El presente libro refleja totalmente la posición del autor por la
Fritz Machlup, Princeton, 1979.
Perón había gobernado destructivamente y destruido totalmente los fundamentos económicos de la Argentina. Sus sucesores no habían sido mucho mejores. El país estaba dispuesto a recibir nuevas ideas y mi esposo estaba igualmente dispuesto a proveerlas.
Sus conferencias fueron dictadas en inglés, en el enorme salón de conferencias de la Universidad de Buenos Aires. En dos salas vecinas sus palabras eran simultáneamente traducidas al idioma español para los estudiantes que escuchaban con audífonos. Ludwig von Mises habló sin restricción alguna sobre capitalismo, socialismo, intervencionismo, comunismo, fascismo, política económica y los peligros de una dictadura. Estos jóvenes que escuchaban a mi esposo no sabían demasiado sobre el mercado libre o sobre las libertades individuales. Así como escribí sobre esta ocasión en My years with Ludwig von Mises (Mis años con Ludwig von Mises): ‘Si cualquiera en esos tiempos se hubiera atrevido a atacar al comunismo y al fascismo como mi esposo lo hizo, la policía habría entrado y lo habría detenido inmediatamente, y la reunión habría sido disuelta’.
La audiencia reaccionó como si una ventana se hubiera abierto y se permitiera al aire fresco soplar a través de las habitaciones. Habló sin notas. Como siempre, sus pensamientos eran guiados solamente por unas pocas palabras escritas en un trozo de papel. Sabía exactamente lo que deseaba decir y, usando términos comparativamente simples, consiguió comunicar sus ideas a una audiencia no familiarizada con sus trabajos, de una forma en que pudieran entender exactamente lo que estaba diciendo.
Las conferencias fueron grabadas y las cintas fueron más tarde trascriptas por una secretaría hispano parlante cuyo texto tipeado encontré entre los papeles de mi marido después de su muerte. Leyendo la trascripción recordé vívidamente el singular entusiasmo con el que aquellos argentinos habían respondido a las palabras de mi esposo. Y me pareció, como no-economista, que estas conferencias, dictadas ante un público lego en Sur América, eran mucho más fáciles de entender que muchos de los más teóricos escritos de Ludwig von Mises. Sentí que contenían tanto material valioso, tantos pensamientos importantes para hoy y para el futuro, que debían hacerse públicas. Dado que mi esposo nunca había revisado la trascripción de sus conferencias para su publicación en un libro, esa tarea quedó para mí. He sido muy cuidadosa en mantener intacto el significado de cada frase, en no cambiar nada del contenido y en preservar todas las expresiones que a menudo mi esposo usaba y que son tan familiares a sus lectores Mi única contribución ha sido juntar frases sueltas y quitar algunas pequeñas palabras que uno utiliza cuando habla informalmente. Si ha sido exitoso mi intento de convertir estas conferencias en un libro, se debe solamente al hecho que con cada oración escuché la voz de mi esposo, lo escuché hablar. Estaba vivo para mí. Vivo en la claridad con que demostraba la maldad y el peligro de demasiado gobierno; en la manera en que exhaustiva y lúcidamente describía las diferencias entre dictadura e intervencionismo; en la ingeniosidad con que hablaba sobre importantes personalidades históricas; en las muy pocas palabras con que conseguía que el pasado volviera a la vida.
Deseo aprovechar esta oportunidad para agradecer a mi buen amigo George Koether por ayudarme en esta tarea. Su experiencia editorial y su comprensión de las teorías de mi esposo fueron de una gran ayuda para este libro.
Espero que estas conferencias sean leídas no sólo por académicos sino también por los muchos admiradores de mi esposo entre los no-economistas. Y sinceramente espero que este libro pueda estar disponible para las audiencias más jóvenes, especialmente escuelas secundarias y universidades, en todo el mundo.
Margit von Mises
New York, June 1979
1 El Dr. Alberto Benegas Lynch era el Presidente del CENTRO DE DIFUSIÓN DE LA ECONOMIA LIBRE, entidad organizadora de las seis conferencias (N. del T.)
2 Las conferencias fueron dictadas durante el mes de Junio de 1959
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Seis conferencias dictadas por el Profesor Ludwig von Mises en Buenos Aires, Argentina, en 1959
Presentaremos el ciclo de 6 conferencias dictadas por el Profesor Ludwig von Mises en 1959 en Buenos Aires, Argentina. Empezamos hoy con el documento introductorio escrito por Betina Bien Greaves, con ocasión de la publicación de la traducción de las conferencias al Castellano en 1995:
Introducción
La política económica ideal, tanto para hoy como para el futuro, es muy simple.
El Gobierno debería proteger y defender – contra las agresiones domésticas o del exterior – las vidas y la propiedad de las personas que se encuentren bajo su jurisdicción, arreglar las disputas que puedan surgir y dejar al pueblo, en lo demás, libre para obtener sus diferentes objetivos y fines en la vida. Esta es una idea radical en nuestra época intervencionista. Hoy a los Gobiernos a menudo se les pide, regular y controlar la producción, subir los precios de algunos bienes y servicios y bajar los precios de otros, fijar los salarios, ayudar a algunos negocios a comenzar y a mantener a otros fuera de la quiebra, cuidar de los enfermos y de los ancianos, respaldar a los derrochadores, y más, y más.
Idealmente, el gobierno debería ser una suerte de cuidador, no de la gente en sí misma sino de las condiciones que permitirán a los individuos, productores, comerciantes, trabajadores, empresarios, ahorristas y consumidores para llegar a sus propios objetivos en paz. Si el gobierno hace eso, y no más, la gente podría proveerse a sí misma mucho mejor que lo que el gobierno posiblemente podría hacer. Esto es, en esencia, el mensaje del Profesor Ludwig von Mises en este pequeño volumen.
El Profesor Mises (1881-1973) fue uno de los mayores economistas del Siglo XX. Fue el autor de profundos libros teóricos como Human Action, Socialism, Theory and History y una docena de otros trabajos. Sin embargo, en estas conferencias, dictadas en Buenos Aires en 1959, habló en términos no técnicos, apropiados para su audiencia de profesionales de negocios, profesores, maestros y estudiantes. Ilustra la teoría con ejemplos sencillos. Explica las verdades simples de la historia en términos de principios económicos. Describe cómo el capitalismo destruyó el orden jerárquico del feudalismo europeo y discurre sobre las consecuencias políticas de las distintas formas de gobierno.
Analiza los fracasos del socialismo y del estado de bienestar y muestra lo que los consumidores y trabajadores pueden llevar a cabo cuando son libres, bajo el capitalismo, para determinar sus propios destinos Cuando el gobierno protege los derechos de los individuos para hacer lo que quieran, en tanto no infrinjan la igual libertad de los demás para hacer lo mismo, ellos harán lo que surge naturalmente: trabajar, cooperar y comerciar unos con otros.
Tendrán entonces el incentivo de ahorrar, acumular capital, innovar, experimentar, aprovechar las oportunidades y producir. Bajo estas condiciones, el capitalismo se desarrollará. Las notables mejoras económicas de los Siglos XVIII y XIX y el ‘milagro económico’ en Alemania luego de la segunda guerra mundial se debieron al capitalismo, como explica el Profesor Mises:
En políticas económicas no hay milagros. Han leído en muchos diarios y discursos sobre el así llamado ‘milagro económico’ alemán, la recuperación de Alemania después de su derrota y destrucción en la segunda guerra mundial. Pero esto no fue milagro alguno. Fue la aplicación de los principios de la economía de libre mercado, de los métodos del capitalismo, aún cuando no fueron totalmente aplicados en todos sus aspectos. Cualquier país puede experimentar el mismo ‘milagro’ de recuperación económica, aunque debo insistir que la recuperación económica no proviene de un ‘milagro’, viene de la adopción de – y es el resultado de – sanas políticas económicas.
Vemos así que la mejor política económica es limitar la acción de gobierno a crear las condiciones seguir sus propios objetivos y vivir en paz con sus vecinos. La obligación del gobierno es, simplemente, proteger la vida y la propiedad y permitir a la gente disfrutar la libertad y la oportunidad de cooperar y comerciar unos con otros. De esta forma el gobierno crea el entorno económico que permite que el capitalismo florezca:
El desarrollo del capitalismo consiste en que cada uno tenga el derecho de servir a su cliente mejor y / o más barato. Y este método, este principio, en un comparativamente corto período de tiempo, ha transformado el mundo entero. Ha hecho posible un crecimiento – sin precedentes – en la población mundial.
Cuando el gobierno asume la autoridad y el poder para hacer más que esto, y abusa de esa autoridad y de ese poder, como lo ha hecho muchas veces a través de la historia – notablemente en Alemania bajo Hitler, en la U.R.S.S. bajo Stalin y en la Argentina bajo Perón - dificulta el sistema capitalista y se convierte en destructor de la libertad humana.
El dictador Juan Perón estaba en el exilio cuando Mises visitó la Argentina en 1959; había sido forzado a salir del país en 1955. Su esposa la popular Eva, había muerto un tiempo antes, en 1952. Aún cuando Perón estaba fuera del país, tenía muchos partidarios y era todavía una fuerza para ser tenida en cuenta. Retornó a la Argentina en 1973, fue otra vez elegido Presidente y, con su nueva esposa Isabelita como Vicepresidente, manejó el país hasta que murió diez meses más tarde. Su viuda, Isabelita, tomó entonces el poder hasta que su administración, cargada de corrupción, fue finalmente derrocada en 1976.
Argentina ha tenido una serie de Presidentes desde entonces y ha hecho algún progreso hacia el mejoramiento de su situación económica. A la vida y a la propiedad se le ha otorgado mayor respeto, algunas industrias nacionalizadas han sido vendidas a compradores privados y la inflación ha disminuido.
El presente trabajo es una oportuna introducción a las ideas de Mises. Las mismas, desde ya, han sido más completamente elaboradas en Human Action y otros trabajos académicos. Los recién llegados al estudio de estas ideas harían bien, sin embargo, en comenzar con algunos de sus libros más simples tales como Bureaucracy, o The Anti-Capitalistic Mentality. Con estos antecedentes, a los lectores les resultará más fácil captar los principios de libre mercado y las teorías económicas de la escuela Austriaca que Mises presenta en sus grandes obras.
BETTINA BIEN GREAVES
Febrero 1995
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Wednesday, July 08, 2009
Armas, Oro y Secesión
Hay un movimiento de secesión en marcha en EEUU y sus defensores están decididos a detener las ambiciones del gobierno federal de destruir y reconstruir una economía entera y de disolver los últimos restos de libertad individual. Veintiocho estados están apelando a la ley del país, la Constitución de los EEUU, extendiendo nueva legislación que afirme su soberanía como estados libres para evitar ser pisoteados por el enjambre de incontrolados decretos federales.
La velocidad con la que el gobierno federal intenta adquirir instituciones privadas y usurpar los derechos de los estados y la autonomía del individuo no tiene precedentes. Cuando comparamos las acciones del régimen de Bush-Obama con las de la era del New Deal de Hoover-Roosevelt, es como emplear el símil de la liebre y la tortuga.
A los brazos armados de la propaganda del Estado, desde los grandes medios de comunicación a los fuertes grupos de interés, se les están aumentando sus poderes para publicitar y vender la agenda del estado totalitario, pintándola de color de rosa para que calme los corazones de los sumisos norteamericanos. Sin embargo, hay un número creciente de disidentes que concluyen que la vida, la libertad, la propiedad y el futuro de sus hijos son más importantes que las cosas triviales que ocupan las mentes de la clase sumisa.
Por esa razón, la fuerza policial militarizada del Estado, a quienes se les han otorgado poderes sin parangón desde la artificial crisis que siguió al 11 de Septiembre, ha aumentado rápidamente en tamaño y se está fortaleciendo, previendo la necesidad de hacer frente a una rebelión por parte de aquellos ciudadanos que traten de resistir la tiranía del sobredimensionado Leviatán.
Desde que el régimen de Bush II tomó la presidencia y el 11 de Septiembre se convirtió en su plataforma de lanzamiento para expandir su hegemonía, la policía estatal se ha movilizado más rápidamente que nunca para demonizar a la resistencia y criminalizar a la disidencia.
El ejemplo más reciente es el informe del Centro de Análisis de Información de Missouri (MIAC, según sus siglas en inglés), que perfiló a los individuos según sus convicciones políticas, especialmente aquellas que rechazan la institucionalización de actos inconstitucionales y se oponen al aumento del poder del estado a expensas de las libertades individuales.
Ron Paul, Chuck Baldwin, Bob Barr, armas y municiones, impuestos, la Reserva Federal, secesión, y la resistencia al servicio militar universal o las acciones anti-privacidad. Todos estos temas se han convertido en palabras clave en la cruzada de criminalizar a los individuos que se niegan a ser moldeados como rebaños y a marchar hacia la servidumbre.
Dos años atrás, algo similar sucedió en Alabama cuando su Departamento de Seguridad Territorial hizo público un informe que calificaba a los activistas de la libertad como “tipos anti-gobierno” que “afirman que el gobierno de EEUU está violando sus derechos individuales, y/o que las políticas del gobierno son criminales e inmorales”.
Esos grupos, decía el informe, “pueden sostener que el actual gobierno está violando los principios básicos trazados por la Constitución de EEUU...”. No se molesten en buscar ese informe, porque el post del bloguero de LewRockwell.com, Chris Brunner, sobre el informe de Alabama se extendió tanto por la red, que lo eliminaron de la página web.Además, el informe del MIAC fue rápidamente aplastado por hordas de activistas de izquierdas, lo que llevó a Chuck Baldwin a decir que “la manera más efectiva de luchar contra un leviatán federal cada vez más invasor es centrarse en cada uno de los estados individuales”.
La lucha por la soberanía, a pesar de que comenzó a partir de individuos espontáneos con inclinaciones hacia los principios radicales de los fundadores de nuestra nación, ha llegado a las legislaciones estatales a lo largo de toda América en forma de proyectos de ley de soberanía.
Según el Christian Science Monitor, veintiocho estados están comenzando a tomar cartas en el asunto como reacción al repentino y masivo aumento de los poderes federales. Incluso la República de Lakotah (de los indios sioux) está declarando su abandono de todos los tratados y acuerdos impuestos sobre ella por el gobierno de EEUU.
La idea de la secesión de estados, considerada en el pasado como un tema para personas con ideas políticas excéntricas, se ha convertido en una solución legítima y práctica para deshacer los años de asaltos acumulados sobre la libertad individual que han venido del estado centralizado.
Con díscolos revolucionarios detrás de él, Mr. Pitts ha lanzado una advertencia al establishment de Washington. Como redactor de uno de los ‘proyectos de ley’ de los 28 estados -uno incluso llama a la abierta disolución de la Unión si Washington no se controla a sí mismo-, Pitts está en el centro del renacimiento de los derechos de los estados, reafirmando su capacidad de decisión sobre todos los asuntos, desde la investigación de las células madre a la Segunda Enmienda de la Constitución de EEUU.
Y aunque Pitts (representante del Estado de Carolina del Sur) es de Abbeville, donde se emitieron los votos para la primera secesión del Sur, insiste en que los esfuerzos de hoy para revisar y controlar el poder federal no se limitan a los grupos regionales ni incluso a la afiliación política. El derecho a portar armas“Los medios de comunicación establecidos nos pintarán como rednecks (término usado para referirse a los americanos sureños del mundo rural, normalmente de baja condición e ideas muy conservadoras), independientemente de que seamos de Pennsylvania, Oregon o Carolina del Sur”, dice Pitts. “Pero esto es una llamada para despertarnos. Y si Washington no hace caso de esta llamada, podría haber una revolución”.
Tales declaraciones fueron incluidas en un número reciente del Christian Science Monitor. Walter Williams, un respetado académico y popular columnista sindicado, declaró esto en su columna del 25 de marzo:
“Nuestros ancestros de las Colonias demandaron y suplicaron al Rey Jorge III que los libraran del yugo. Él ignoró sus ruegos, y en 1776, ellos legítimamente declararon la independencia unilateral y fueron a la guerra. Hoy es la misma historia, salvo que el que está usurpando los derechos de la gente y de los estados es el Congreso, haciendo parecer suaves las acciones del Rey Jorge en comparación con las de hoy”.
Nuestra ignorancia constitucional -quizás desprecio, unido al hecho de que nos hemos convertido en una nación de débiles y pedigüeños- nos ha convertido en presas fáciles para las fuerzas tiránicas de Washington. Pero eso podría estar cambiando un poco en la actualidad. Hay señales del resurgimiento del antaño espíritu de rebelión tan característico de los americanos.
El profesor y académico especializado en la constitución Don Livingston, en su Secessionist Paper No. 19: What is Secession?, apunta que “hablar sobre la secesión pone nerviosos a los americanos. Para muchos evoca imágenes de la Guerra Civil, y está emocionalmente (si no lógicamente) vinculado con la esclavitud, la guerra y la anarquía.Intervencionismo económico y social
Que la palabra “secesión” esté cargada de estas connotaciones negativas debería ser sorprendente, ya que “América nació en un acto de secesión”. Y continúa describiendo la secesión como un acto que “no busca derrocar o cambiar el gobierno de un estado moderno, sino que lo que busca es simplemente limitar su jurisdicción sobre el territorio que se ha separado”.
Pero aún así, las connotaciones negativas de la secesión perduran, incluso dentro de algunos círculos liberales [de izquierdas, según el argot de EEUU]. Quizás lo más sorprendente que sigo oyendo de algunos liberales es que aquellos que nos adherimos a las ideas secesionistas somos unos chiflados extremistas que no ofrecen ningún valor “al movimiento”, y que en lugar de eso, solo lanzamos banderas rojas (de la Confederación, símbolo del movimiento secesionista del Sur en la Guerra Civil Americana) que ahuyentan a la gente del liberalismo. Así se nos hace creer que los padres fundadores, los arquitectos de la rebelión y los máximos exponentes de los principios jeffersonianos, eran chiflados reaccionarios.
Este tipo de liberales anti-radicales, o ‘blandos’, serán los que se encogerán de miedo en una esquina cuando vengan a por nuestras armas (bajo un masivo decreto federal sobre el control de armas) y nuestros hijos (bajo leyes federales de “servicios de protección” a los niños” o un decreto para servicios nacionales). Estos liberales suelen tener escasos conocimientos de historia, política monetaria, disputas constitucionales, y de los filósofos políticos que a lo largo de los años han defendido los derechos de los estados y los derechos naturales de los individuos en contra del estado centralizado y totalitario.La expansión federal
De hecho, tienden a rehuir la vida intelectual porque no es tan divertida ni social como las reuniones mensuales y las invitaciones de clubes en los que participan tan asidua y activamente. Los agentes federales están concentrados en una amplia serie de medidas para tomar el control completo del sistema financiero (que está destruido para siempre) y de determinadas compañías; avanzar en los planes de una guerra perpetua; socializar la asistencia sanitaria; avanzar en la implantación de la educación federal y criminalizar el homeschooling [educación en casa]; apropiarse de las armas y munición; sacar a los niños de las casas de los disidentes; etc, etc.
En este punto, nada de esto se puede deshacer a través de medios políticos. Los agentes de la brigada anti-libertad de Obama fueron traídos a Washington D.C. con un solo propósito muy específico: centralizar todo lo que queda de vida y propiedad y ponerlo bajo las reglas federales, desde el dinero y la educación al comportamiento personal.
Nótese el comportamiento condescendiente y arrogante del Rey Obama en el programa de TV de 60 Minutes cuando se rió de la incapacidad de la opinión mayoritaria para hacer nada con el fin de parar su frenético ritmo de incremento del poder político y económico a nivel federal
Quizás el movimiento más significativo por parte de los federales, aparte de cargarse el libre mercado mediante rápidas nacionalizaciones, es el movimiento de los centralizadores de extinguir la característica más importante de una sociedad libre -el derecho a portar armas-.
Una sociedad que no puede portar armas es una sociedad condenada a la servidumbre eterna y a la opresión de los señores a los que sirven. El Fiscal General Eric Holder, elegido por Obama, ha abogado desde mucho tiempo por eliminar los derechos de portar armas. Incluso peor es el caso de Rahm Emmanuel, en calidad de Jefe del estado mayor, que está siendo utilizado más allá de su papel oficial para lanzar propaganda a favor del control absoluto e incondicional de las armas.
Emmanuel, un ciudadano israelí, está intentando etiquetar a los propietarios de armas como terroristas a los ojos de sus compatriotas americanos. Con todo, no ha habido ningún intento de apartar a Emmanuel de su puesto y convertirse en un defensor oficial de los que quieren desarmar a América.
Los derechos de las armas son uno de los temas más visibles que están haciendo que los estados se replieguen y declaren que el gobierno federal ha traspasado los límites. En Montana, cargos electos han firmado una resolución declarando que cualquier regulación del gobierno Federal sobre la Segunda Enmienda viola su condición de estado.
En Tennessee, el senador demócrata Doug Jackson, ha presentado legislación para prohibir la micro-estampación (microstamping) de las armas de fuego, usada para identificar a los propietarios de armas, con el fin de proteger la Segunda Enmienda y evitar que se avance hacia la confiscación total de las armas.
El otro movimiento que ha empujado las exigencias de soberanía de los estados es el rechazo de la Reserva Federal y sus políticas anti-liberales, que esclavizan a los ciudadanos de los estados confinándoles en unos mecanismos de dinero inflacionario y depreciaciones de la moneda. La Reserva FederalLegisladores en algunos estados, como Georgia y Montana, se han movido en contra del sistema de la Reserva Federal y a favor de instituir una política monetaria sólida, abogando por el uso del oro y la plata, en contraposición a los billetes de curso forzoso de la Fed.
En Montana, el diputado Bob Wagner introdujo un proyecto de ley de dinero sólido, aunque más tarde murió en el proceso. A medida que pase el tiempo y la economía empeore todavía más, es más probable que veamos muchas más iniciativas de este tipo por parte de legisladores de los estados.
El oro, como tal, es una herramienta de protección contra el colapso del dólar, que es por lo que los que se oponen a la Reserva Federal desean comprarlo y atesorarlo. Las armas son las herramientas con las que te auto-defiendes, no solo de criminales locales que quieren lo que tú tienes, sino que también proporcionan a los hombres libres de la capacidad de resistencia física hacia un gobierno federal cuya expansión de poderes y tácticas opresivas están fuera de control. Piensen en Rahm Emanuel y Eric Holder, y pregúntense por qué es que apoyan una agenda que pone las armas solo en las manos del Gobierno y los agentes que el Gobierno apruebe.
La única manera de librarse del tirano opresivo -conocido como el gobierno federal- es desprender de él y empezar de nuevo. Que veintiocho estados estén empezando a encender las llamas de la rebelión mediante un movimiento hacia la soberanía es algo realmente notable. Los estados y la gente deben declarar su soberanía y eliminar los tentáculos de las leyes del gobierno federal de sus cuellos. Sólo una ruptura de este monstruoso y descontrolado gigante despótico puede restaurar la libertad y evitar que todos sigamos caminando hacia las garras del Gobierno. Artículo elaborado por Karen de Coster, publicado originalmente en LewRockwell.com.
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Una Declaración de Independencia del Gran Gobierno
por Richard Ebeling
tomado de Libertad Digital
La Declaración de Independencia, firmada por los miembros del Congreso Continental el 4 de Julio de 1776, es el documento fundacional del experimento Americano de un gobierno libre. Lo que se olvida con demasiada frecuencia es que los Padres Fundadores a lo que se opusieron fue a la pesada e intrusiva mano del gran gobierno.
La mayoría de los Americanos recuerdan con facilidad esas elocuentes palabras con las que los Padres Fundadores expresaron los fundamentos de su reclamación para la independencia de Gran Bretaña en 1776:
“Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad. Que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla, o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrezca las mayores probabilidades de alcanzar su Seguridad y Felicidad.”
Pero lo que no se recuerda normalmente es la larga lista de motivos de queja que conforma la mayoría del texto de la Declaración de Independencia. Los Padres Fundadores explicaron cuán intolerable se había convertido el gobierno absolutista y altamente centralizado de la lejana Londres. Este gobierno distante violaba las libertades personales y civiles de la gente que vivía en las 13 colonias de la costa este de Norteamérica.
Además, los ministros del rey imponían rígidas y opresivas regulaciones económicas y controles sobre los colonos, que fueron parte del sistema de gobierno de planificación central del siglo XVIII conocido como mercantilismo.“La historia del presente Rey de Gran Bretaña es una historia de repetidas injurias y usurpaciones, todas ellas con el objetivo directo de establecer una Tiranía absoluta sobre estos Estados”, declararon los firmantes.
Con cada paso, la Corona Británica había concentrado el poder político y la toma de decisiones en sus propias manos, dejando a los colonos Americanos con poca capacidad para gestionar sus propios asuntos mediante los gobiernos locales y estatales. Las leyes y reglas eran impuestas sin el consentimiento de los gobernados; las leyes y procedimientos locales que pretendían limitar la arbitrariedad y abusos del gobierno fueron ignoradas o anuladas.
El rey también había intentado manipular el sistema legal mediante el nombramiento arbitrario de jueces que compartieran sus deseos de poder o estuvieran abiertos a ser influenciados para servir los objetivos políticos del monarca. Los oficiales del rey injustamente ponían a colonos bajo arresto en violación de la orden de habeas corpus, y les sentenciaban a prisión sin juicio mediante un jurado. Con frecuencia, los colonos eran violentamente reclutados para servir en las fuerzas armadas del rey y obligados a luchar en guerras extranjeras.
A los colonos se les impuso, sin el consentimiento de los legisladores locales, importantes cargas financieras derivadas de un ejército regular. Los soldados eran a menudo alojados entre las casas de los colonos sin su aprobación o permiso. Asimismo, los autores de la Declaración afirmaron que el rey promovía disturbios civiles al crear tensiones y conflictos entre los diferentes grupos étnicos en su dominio colonial (los colonos ingleses y las tribus nativas indio-americanas).
Pero lo que estuvo en el centro de muchas de sus quejas y reclamaciones en contra del Rey George III fueron los controles económicos que limitaban su libertad y los impuestos que confiscaban su riqueza y su renta honestamente ganada.
La premisa fundamental detrás del sistema de planificación mercantilista era la idea de que era el deber y la responsabilidad del gobierno gestionar y dirigir los asuntos económicos de la sociedad. La Corona Británica constreñía las actividades comerciales de los colonias con una maraña de regulaciones y restricciones. El gobierno Británico dictaba lo que podían producir, los recursos y las tecnologías que podían ser empleadas.
El gobierno evitaba que el mercado libre fuera el que fijara precios y salarios, y manipulaba qué bienes estarían disponibles para los consumidores de las colonias. Dictaba qué bienes podían ser importados o exportados entre las 13 colonias y el resto del mundo, evitando así que los colonos se beneficiaran de las ganancias que podrían haber obtenido bajo el libre comercio.
Por todas partes, el rey nombraba distintos “zares” para controlar y dirigir buena parte de las cuestiones cotidianas con las que la gente se ganaba la vida. Se imponían multitud de nuevas burocracias sobre cada faceta de la vida. “Él ha erigido una multitud de Nuevas Oficinas, y enviado aquí a un enjambre de Oficiales para oprimir a nuestro pueblo, y empobrecerlo con sus estafas y rapiñas”, explicaron los Padres Fundadores.
Además, el rey y su gobierno imponían tributos sobre los colonos sin su consentimiento. Sus rentas eran sujetas a impuestos para financiar los costosos y crecientes proyectos que el rey quería y que había considerado que eran buenos para el pueblo, independientemente de que el pueblo mismo los quisiera o no.
En las décadas de 1760 y 1770 aparecieron una serie de impuestos reales que sobrecargaron a los colonos Americanos y despertaron su ira: la Ley del Azúcar de 1764, la Ley del Sello de 1765, las Leyes Townsend de 1767, la Ley del Té de 1773 (que resultó en la Boston Tea Party), y una gran variedad de otras imposiciones fiscales.
Los colonos Americanos eran a menudo extremadamente creativos a la hora de evitar y evadir las regulaciones e impuestos de la Corona, a través del contrabando y los sobornos.
La respuesta del gobierno Británico a esta “desobediencia civil” de los colonos americanos en contra de sus regulaciones e impuestos era severa y violenta. El ejército y la marina del rey asesinaron a civiles y arruinaron gratuitamente la propiedad privada de la gente. “Él ha saqueado nuestros mares, asolado nuestras costas, quemado nuestras ciudades, y destruido las vidas de nuestros conciudadanos”, lamenta la Declaración.
Después de enumerar éstas y otras quejas, los Padres Fundadores dijeron en la Declaración:
“A cada grado de estas opresiones hemos suplicado por la reforma en los términos más humildes; nuestras súplicas han sido contestadas con repetidas injurias. Un príncipe cuyo carácter está marcado por todos los actos que definen a un tirano no es apto para ser el gobernador de un pueblo libre”.
Así, se tomó el trascendental paso en el que las colonias declararon su independencia de la Corona Británica. Los firmantes de la Declaración escribieron así que “nosotros empeñamos mutuamente nuestras vidas, nuestras fortunas y nuestro sagrado honor” en su causa común de establecer un gobierno libre y la libertad individual de los, por entonces, tres millones de habitantes de las 13 colonias originales.
Nunca antes en la historia un pueblo había declarado y luego establecido un gobierno basado en los principios de los derechos individuales a la vida, la libertad, y la propiedad. Nunca antes una sociedad fue fundada en el ideal de la libertad económica, bajo la cual hombres libres pueden producir e intercambiar pacíficamente con el prójimo en los términos que ellos encuentren mutuamente beneficiosos, sin la influencia de un gobierno regulador y planificador.
Nunca antes un pueblo había dejado claro que el auto-gobierno no sólo significaba el derecho a elegir a aquellos que ocuparían los cargos políticos y aprobarían las leyes del territorio, sino que también significaba que cada ser humano tenía el derecho a la autonomía y auto-gobierno sobre su propia vida. En efecto, en esas palabras inspiradoras en la Declaración, los Padres Fundadores estaban insistiendo en que cada hombre debería ser considerado como propietario de sí mismo, y no ser visto como la propiedad del Estado para ser manipulado por el rey o por el Parlamento.
Vale la pena recordar, por tanto, que lo que estamos celebrando cada 4 de Julio es la idea de que cada ser humano tiene derecho a su vida y libertad, y a su libre capacidad para perseguir la felicidad como considere oportuno sin que el gobierno paternalista y confiscatorio se entrometa en su camino.
Artículo elaborado por Richard Ebeling, y publicado originalmente en el American Institute for Economic Research (AIER).
Tuesday, July 07, 2009
La Sociedad como Fin y la Sociedad como Medio
por Manfred F. Schieder
Por miles y miles de años la humanidad se degradó a sí misma - por hábito, por inercia, por ser lo obvio - resignándose a vivir de acuerdo con un sistema social que llegó de la prehistoria misma, una forma de coexistencia que los homínidos habían heredado de sus irracionales antecesores y habían transmitido a sus descendientes, en quienes, a causa de la continua evolución, la facultad de la razón prevalecía cada vez más, hasta convertirse en la característica distintiva de la especie.
Para cuando esa cualidad distintiva predominó, ya se había fijado el existente tipo de coexistencia como base de la sociedad, obligando a sus miembros a obedecer y comportarse dentro de un rígido chaleco de fuerza compuesto por gradaciones sociales, grupos e intereses. Las clases dominantes pudieron consolidar sus propias dinastías y privilegios mediante las posiciones de poder que ocupaban y todo tipo de compulsión adicional que pudieron imponer mediante amenazas, leyes y violencia desatada. Esto les permitió reservar para sí mismos todo nuevo conocimiento obtenido, el que usaron de ahí en adelante para someter a la población en general aún más férreamente a su sistema inmoral. La casta sacerdotal-principesca del Antiguo Egipto y la totalidad de la Edad Media son sólo algunos pocos ejemplos de una larga serie de estructuras similares que el lector puede encontrar en todo libro de historia.
Aún hoy en día reina este tipo de organización en la mayoría de los países, caracterizados por una dirigencia todopoderosa y una población de hecho obligada a obedecer. Esta es una estructura social propia de termitas, siendo sus ejemplos más evidentes aquellas sociedades que en el pasado y el presente son dirigidas por Stalitlers, los déspotas y tiranos de todo tipo y color.
En consecuencia, a través de miles y miles de años llegó a aceptar la población, por miedo, por hábito, por inercia, por ser lo obvio, el mando de quienes se hallaban en el poder, ya que desconocían la posibilidad de que existiese otro tipo de forma de vida, con los más desesperados escapando o emigrando a aquellas áreas del planeta donde la situación parecía ser un poco menos cruel. En líneas generales, empero, aceptaban los sometidos el hecho de que este tipo de estructura era la que debía prevalecer, una organización donde los que se hallaban en el poder dirigían y los dominados obedecían, reforzándose así continuamente el círculo vicioso existente. Aún hoy en día pueden oírse voces que demandan que "esto o aquello no puede quedar sin control. Alguien debe mandar…" y "Debería haber una ley…"
El ciudadano común parece tan estrechamente identificado con el tipo de sociedad prevalente que se convierte en la sociedad misma, o sea la sociedad como fin, donde el único derecho de existencia del individuo consiste en vivir y contribuir a este tipo de sociedad, es decir para los dirigentes, para mantenerlos, mientras éstos echan algunas migajas a los dirigidos.
Toda sociedad como fin es una sociedad de beneficiarios y sacrificantes. Como Ayn Rand indicara en su colosal obra "La Rebelión de Atlas": "El credo del sacrificio es una moral para el inmoral, una moral que declara su propia bancarrota al confesar que no puede infundir en los seres humanos ningún interés personal para el desarrollo de virtudes y valores, y dado que su alma es una cloaca de depravación, deben ser entrenados para sacrificarse. Por su propia confesión, esta moral es impotente para enseñarles a ser buenos y sólo puede someterlos a un constante castigo… Bajo una moral de sacrificio, el primer valor que se sacrifica es la moralidad; el siguiente la auto-estima. Cuando la necesidad es la medida, toda persona es a la vez víctima y parásito. Como víctima, debe trabajar para satisfacer las necesidades de otros, quedando luego como parásito, cuyas necesidades deben ser satisfechas por los demás. No puede relacionarse con el prójimo excepto representando uno de estos dos desgraciados papeles: el de mendigo o el de sanguijuela."
Vemos así que apenas comenzamos a pensar sobre un hecho que tan obviamente parece ser noble y elevado, como "la sociedad como fin" parece ser a primera vista, descubrimos que no es así, que está compuesta por errores, contradicciones y maldades, que se opone directamente al ser humano y a su inalienable derecho a ser un individuo pleno, que en tal sociedad los derechos no existen y los deberes abarcan todo y que la existencia misma es sólo permitida si el sujeto se somete al credo de que tiene que vivir para los demás y no para sí mismo.
A pesar de ello algunos hombres notaron a lo largo de la historia, primero casi subconscientemente, que esto componía una visión monstruosamente deformada de la realidad. A medida que nuestra actividad mental incrementaba en cada vez mayor gradación, la condición establecida debió enfrentar preguntas y análisis racionales.
No fue por casualidad que llamáramos al período que siguió a la Edad Media "Renacimiento". Ni siquiera los poderes establecidos de la iglesia y la política tuvieron la fuerza suficiente para anular la denominación citada. Entre los siglos 12 y 15 surgieron los primeros brotes de la primavera que se acercaba. Tuvo lugar una revolución económica, acompañada de inmediato por una revolución científica. Hombres como Alberto Magno, Tomás de Aquinas (a pesar de todos los errores que contenían sus escritos) y Roger Bacon dieron los primeros pasos, restableciendo lentamente la observación científica, o sea la aplicación de la razón frente a las bellezas y los fenómenos de la naturaleza, un razonamiento que se había abandonado desde los tiempos de la Grecia Antigua. Marco Polo amplió el horizonte hacia nuevas regiones, las carabelas cruzaron el mar hacia un nuevo continente, la medicina recuperó su buen nombre perdido y empezamos a abandonar la visión de un mundo plano a favor de una mirada perspectiva a través, permítaseme la letanía, de las primeras aplicaciones de la perspectiva en el arte.
Todos estos y más hechos de la misma especie produjeron un cambio de mentalidad que llevó a un nuevo concepto de coexistencia social, un concepto que cobró vida a fines del siglo 18, una noción que, a pesar de la oposición que produjo, se continuó desarrollando, con sus ondas de choque que destruirán, en la confrontación final que se acerca, a la forma de sociedad tradicional, la sociedad como fin en sí misma.
Cuando Adams, Jefferson, Franklin y los demás revolucionarios establecieron lo que puede llamarse la Revolución Norteamericana de los Derechos del Individuo, no sólo echaron por la borda las sacas de té sino a toda la "sociedad como fin" para reemplazarla por algo aparentemente menos noble, menos digno, menos elevado: la sociedad como medio, cuya nobleza reside en proveer la base para los derechos del individuo que vive en ella, respetando la dignidad de todo ser humano libre y productivo, elevándolo de sujeto a ciudadano, único dueño de su propia vida y los frutos de su trabajo.
Las ideas de la libertad individual quebraron el marco tribal-colectivista para reemplazarlo por un sistema de igualdad de derechos, lo que significa que ni cuna ni linaje determinan los derechos del individuo sino simplemente la razón todopoderosa de que cada ser humano tiene derechos básicos como tal, o sea como ser humano racional. Mediante ello se echa de lado el sometimiento y la aseveración de que "la vida del ser humano se justifica únicamente si vive en beneficio de la sociedad."
Esto lleva en sí una revolución a partir de los fundamentos mismos de la sociedad, la que pierde así su función de monstruo insaciable y se convierte en un medio, una herramienta, un mercado que cada uno puede usar para cumplir sus propias metas aplicando su propio esfuerzo, siempre y cuando adhiera al principio de que su quehacer no implique una actividad criminal, o sea mientras no hiera los derechos de sus conciudadanos.
La sociedad como medio se revela así como la verdaderamente noble, la verdaderamente espléndida, la verdaderamente magnífica en toda área, sea intelectual o material.
Mientras que en la sociedad como fin todo se encuentra estructurado para justificar su existencia como tal, se revela la sociedad como medio como su polo opuesto. Evoluciona con la humanidad misma como el medio mejor y más práctico para que todo individuo pacífico y productivo alcance su propia meta y felicidad. Ayn Rand dijo en su escrito "La Virtud del Egoísmo": "Los dos grandes valores que se obtienen viviendo en sociedad son el conocimiento y el comercio. El ser humano es la única especie que puede transmitir y ampliar sus conocimientos de generación en generación; el conocimiento que un hombre tiene potencialmente a su disposición es mayor que el que nadie pudiera comenzar a adquirir en su lapso de vida; cada hombre obtiene un beneficio incalculable de los conocimientos descubiertos por los demás. El segundo gran beneficio es la división del trabajo, que capacita al hombre a dedicar sus esfuerzos a un área de trabajo en particular y comerciar con otros que se especializan en otras áreas. Esta forma de cooperación permite a todos los que participan de ella obtener un mayor conocimiento, mayor destreza y mayores beneficios por sus esfuerzos que los que podrían lograr si cada uno produjera todo lo que necesitase en una isla desierta o en una granja autosuficiente."
Mientras que la "sociedad como fin" lleva una larga cadena de nombres diferentes (dictadura, tiranía, despotismo, colectivismo, monarquía, feudalismo, socialismo, fascismo, nazismo, comunismo, oligarquía, democracia, etc., cada uno con su peculiar nivel de esclavitud), lleva la "sociedad como medio" uno solo, pero éste de absoluta nobleza: Capitalismo de laissez faire total, un sistema basado en el reconocimiento de los derechos individuales, donde todo derecho, incluyendo el derecho a la propiedad, se encuentra en poder de cada individuo, libre de interferencia gubernamental y donde el gobierno mismo ha sido reemplazado, en el cumplimiento de sus deberes específicos, por una Administración de los Medios de Defensa de los Derechos del individuo (las cortes de justicia y las áreas de seguridad interna y externa). El sistema social así definido, coloca a su plena implementación en el futuro, ya que no ha existido hasta ahora como tal en lugar alguno. Empero, no debe situarse demasiado lejos en el futuro, ya que la lógica de la historia misma lo sitúa en un futuro cercano, a menos que la humanidad quiera correr el riesgo de su propia desaparición a causa de la estrangulación llevada a cabo por la sociedad feneciente, la sociedad como fin que ya perdió hace tiempo todo sentido de existencia.
En esta relación es conveniente señalar que Leslie Snyder, en su excelente libro "Justicia o Revolución", recordó que Marx no consideró que se requiriese una revolución violenta en los Estados Unidos de América para implantar al comunismo. Entendió que, tratándose de una democracia, los mismos ciudadanos votarían eventualmente al socialismo primero y al comunismo después. Las recientes elecciones norteamericanas demostraron que, desafortunadamente, Marx, hasta ahora, estuvo en lo cierto.
Alexis de Tocqueville dijo: "No existen derechos privados tan poco importantes que puedan ser entregados sin impunidad a los caprichos del gobierno" y el inmortal Thomas Jefferson recordó a la población el 6 de julio de 1763 que "el árbol de la libertad debe ser renovado de vez en cuando con la sangre de patriotas y tiranos. Es su fertilizante natural." Quiera el mundo recordar sus palabras.
El análisis que antecede puede molestar a aquellas personas educadas dentro de los cánones de la vieja "sociedad como fin", pero presenta claramente la cuestión de si la sociedad es más importante que el individuo. Evidentemente es la sociedad misma la menos importante, ya que para sustentarla debe protegerse en primer lugar al individuo, pues el individuo es la entidad y columna de apoyo de la sociedad misma. La historia ha demostrado en numerosas oportunidades, a través de la violenta caída de innumerables Stalitlers, que quienes creen que el grupo por ellos encabezado y dominado tiene el derecho de destruir a sus individuos pacíficos y productivos terminan por ser destruidos ellos mismos. Es la existencia de los individuos pacíficos y productivos lo que permite a la sociedad funcionar de acuerdo con su verdadero propósito: como medio para que el individuo alcance sus propias metas y construya su propia felicidad. La destrucción de estos individuos destruye a la humanidad misma.
Es, en consecuencia, la sociedad como medio la que se presenta como la verdaderamente correcta. Existe y se desarrolla mientras el individuo mismo pueda, libremente, progresar y mejorar su existencia, y decae cuando la población es sometida a la esclavitud. Esto trae a la mente las palabras escritas por el pensador inglés Samuel Smiles (1812 - 1904): "El progreso social es la consecuencia del progreso individual." Es así que donde el individuo no puede progresar la sociedad misma no se puede desarrollar. Las palabras de Ayn Rand al comienzo de este artículo subrayan el principio presentado. No podría existir un resumen más exacto.
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Nota: El original en inglés del presente artículo fue publicado en las páginas del Web de "Rebirth of Reason" (http://rebirthofreason.com/Articles/Schieder/Society_as_an_End_and_Society_as_a_Means.shtml). Traducción al castellano del autor.
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Monday, June 29, 2009
La Degradación del Arte
"El arte de cualquier período de la cultura es un fiel reflejo de la filosofía de esa cultura."
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Labels: Ayn Rand, Calentamiento Global, Objectivism, Violence
Monday, June 08, 2009
Esta Cosa Extraña Llamada Capitalismo
por Manfred F Schieder
"La justificación moral del Capitalismo radica en el hecho de que es el único sistema consonante con la naturaleza racional del hombre, que protege la supervivencia del hombre qua hombre, y cuyo su principio rector es: la justicia” - de "¿Qué es el Capitalismo?", por Ayn Rand.
Una reciente, pequeña y corta discusión familiar relacionada con una declaración del Presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, en una fiesta celebrada el 25 de septiembre de 2008 en Toulon, "El Capitalismo se ha descarrilado" y, por lo tanto, debe ser controlado y dirigido (por los políticos y, evidentemente, demás burócratas y servidores públicos), trajo a mi atención que no sólo Sarkozy y sus seguidores ( Merckel de Alemania, Chávez de Venezuela y, por supuesto, las Naciones Unidas y otras organizaciones inútiles) desconocen totalmente el significado de CAPITALISMO (una palabra que merece ser escrita en letras mayúsculas por cada defensor de la libertad y del libre albedrío). Muchos de los que tienen una posición de poder y que atribuyen la actual situación mundial a un ente no-existente, es decir, al Capitalismo, son definitivamente malévolos y se aprovechan de una situación evaluada erróneamente para confundir al ciudadano común, cuyo propio concepto sobre lo que es el Capitalismo, enseñado en escuelas, colegios, etc., no es menos equivocado, y todo en conjunto, siguiendo un plan para alcanzar la plena y total dominación de la humanidad. "El Big Brother" se está acercando, si no es que ya está aquí! La reciente aprobación de una nueva Constitución, de izquierda, en Ecuador, por el 63% de los votantes, confirma esto aún más.
Esto me movió a escribir este artículo, plenamente consciente de que, otros antes que yo, han presentado un análisis del tema mucho más profundo y más complejo. Sin embargo, habría poco que leer y prácticamente no habría del todo literatura, si se dejase, sólo a unos cuantos intelectuales aprobados oficialmente, el escribir sobre un determinado tema. La mía es, por así decir, una aproximación más bien "popular" a la cuestión.
En primer lugar, debo decir, y lo hago de manera muy clara, que Sarkozy y sus secuaces están evidentemente, cometiendo un gran error, ya que no hay forma de poder menoscabar un cero, porque no existe, simplemente no existe, y no puede, por tanto, "descarrilarse" de ninguna manera.
El Capitalismo nunca se ha aplicado en ningún lugar, ni en ningún momento hasta ahora, y cómo están desarrollándose las cosas en todo el mundo, no parece que haya mayor oportunidad de que sea establecido, al menos en el futuro próximo. Lo que ha existido hasta ahora y sigue existiendo, es el feudalismo, un sistema en el que un jefe supremo, o una combinación sinérgica de señores, determina el curso de acción sobre la base de sus caprichos, permitiendo o prohibiendo, decidiendo que se produce y cómo se produce o como se va a distribuir, siguiendo un laberinto de comandos (leyes) y de impuestos (un chanchullo oficial). Sin embargo, la naturaleza de la supervivencia personal sigue sus propias reglas y, por tanto, algunas de las leyes económicas comunes del Capitalismo han actuado en todo tipo de sociedad e incluso se han colado de contrabando, ellas mismas, en forma muy rudimentaria, en el feudalismo de los tiempos actuales. Ludwig von Mises demostró claramente la ausencia de Capitalismo en su obra maestra "La Acción Humana" (parte I, capítulo 3.2): "Los ricos, los propietarios de las plantas actualmente en funcionamiento, no tienen ninguna clase de interés en el mantener la libre competencia. Se oponen a la confiscación y la expropiación de sus fortunas, y sus intereses propios están más bien en favor de medidas que impidan a los recién llegados disputar sus posiciones. Los que luchan por la libre empresa y la libre competencia no defienden en forma alguna quienes son hoy ricos y prósperos. Por el contrario, lo que quieren es despejar el camino a personas desconocidas y humildes hoy para que sean los empresarios del mañana, quienes con su ingenio eleven el nivel de vida de las masas.
Todo lo que quieren es contribuir a una mayor prosperidad y a optimizar la economía. Son ellos la vanguardia del progreso”.
La llamada "economía social de mercado", también pertenece a la zona del feudalismo y aquí de nuevo el genio de Ludwig von Mises lo demostró más dramaticamente en "La Acción Humana" (Parte 6, Capítulo 27.3): "Los intervencionistas repiten una y otra vez que no quieren abolir la propiedad privada de los medios de producción, de las actividades empresariales, y del intercambio mercantil. En este sentido los representantes del "Soziale Marktwirtschaft" alemán (economía social de mercado), la más reciente variedad de intervencionismo, hacen hincapié en que consideran la economía de mercado como el mejor y más conveniente sistema de organización económica de la sociedad, y se oponen a la omnipotencia gubernamental del socialismo. Pero, por supuesto, todos estos defensores del centro de la vía hacen hincapié en la política con la misma energía que rechazan el liberalismo Manchesteriano y del laissez-faire. Es necesario, dicen, que el Estado interfiera los fenómenos del mercado cuando y donde el "libre juego de las fuerzas económicas" produzca condiciones que aparezcan como "socialmente" indeseables. Creen que el gobierno debe decidir en cada caso lo que es y lo que no es "socialmente” deseable. Al hacer esta afirmación dan por sentado que es el Gobierno quien está llamado a estipular, en cada caso, si un hecho económico definido se ha de considerar como reprobable, desde el punto de vista "social", y en consecuencia, facultar ampliamente a la burocracia para determinarlo”.
¿Qué es entonces el Capitalismo?
Dado que cualquier regulación de la economía y de sus funciones por el gobierno, así como el manejo de las tareas pacíficas y productivas, y del comportamiento de los individuos significa, por definición, esclavitud, Ayn Rand define precisamente Capitalismo como un "sistema social basado en el reconocimiento de los derechos de la persona, incluidos los derechos de propiedad, en los cuales todos los bienes son de propiedad privada", una declaración que, incluso los defensores de la libertad, deberían recordar más a menudo. La afirmación de Rand significa que eso no sólo quiere decir que los medios de producción y distribución deban ser de propiedad privada, ya que esto también ocurre en el nazismo, el fascismo, en economías mixtas y en todas las demás formas de sociedades socialistas (Hitler le dijo a Rosenberg que no era necesario durante su gobierno detentar la propiedad de los "juguetes del titular de la fábrica", como él los llamaba, porque el nazismo sería el propietario y director de los individuos mismos, siendo ésta una de las razones por las que llamo a los dictadores, en general, por el nombre genérico de Stalin-Hitlers), sino que todas las decisiones pacíficas y productivas, pertenecen a las personas que las toman en beneficio de su propia vida. Esto hace desaparecer efectivamente la fuerza de todas las relaciones humanas (el lector no debe olvidar que los impuestos, por ejemplo, son un procedimiento forzoso para tomar parte del dinero popular para apoyar al gobierno, una parte cuyo porcentaje cada vez mayor es determinado por el propio gobierno, ya sea directamente o al amparo de las decisiones de los "representantes del pueblo", es decir, los congresistas que apoyan activamente el gobierno, y no precisamente al pueblo!)
Recuerde las palabras de Ayn Rand en relación con el uso de la fuerza: Nadie tiene el derecho de iniciar un acto de violencia contra una persona o un grupo de personas, es decir, no existe derecho alguno que permita interferir con la vida y actividades del individuo pacífico y productivo.
La única legítima función de un gobierno (nótese que el término en sí significa "regla") es la protección de los derechos del hombre, es decir, como la define Ayn Rand, es la tarea de proteger de la fuerza física a la persona pacífica. Esta actividad, que, por cierto, no excluye a las fuerzas de seguridad privadas para su cumplimiento, obliga a un gobierno a renunciar a su denominación como tal para convertirse propiamente en la administración de los Medios Defensivos de los Derechos del Individuo.
En el sistema Capitalista las funciones de los congresistas cambian drásticamente, ya que básicamente todo lo que tienen que hacer es diseñar los mencionados medios de defensa, es decir, promulgar (a través de los tribunales, la policía y las fuerzas armadas), la principal ley moral del sistema social Capitalista, es decir, concretar el principio de que "nadie tiene derecho a iniciar el uso de la fuerza física contra los demás".
Esto se logra disuadiendo y/o sancionando adecuadamente a quienes infringen dicha ley moral.
Concretamente, en relación con la economía, el Magistrado Narragansett dice, mientras reescribe la Constitución que representará de manera adecuada y apropiada los ideales Capitalistas de Ayn Rand en "La Rebelión de Atlas" (Parte 3, Capítulo 10): "El Congreso no promulgará ley alguna que coarte las libertades de producción y comercio ".
Lo anterior muestra claramente que el Capitalismo es un sistema verdaderamente humano, diseñado para seres humanos, en su condición de individuos pacíficos y productivos. Reconoce la realidad metafísica de la naturaleza del hombre, la conexión entre su supervivencia y su uso de razón, como lo expresa Rand específicamente en su artículo "¿Qué es el Capitalismo?" Funciona sobre la base de que todas las relaciones humanas son voluntarias y, por tanto, rechaza todo mando autoritario, sea cual sea la forma que adopte. Prevé la prohibición de la fuerza en las relaciones sociales, establece la defensa contra eventuales transgresiones y, como Ayn Rand también señaló, se opone fundamentalmente a la guerra, a menos que el libre sistema Capitalista sea atacado por una nación extranjera, porque en ese caso, la ley moral del Capitalismo se aplica, habiendo sido iniciada la violencia por el país atacante.
Estamos aún viviendo dentro de sistemas estatistas, sistemas basados en la noción tribal de que el individuo debe sacrificar sus esfuerzos a un Moloc compuesto por un colectivo sin rostro "representado" por políticos y burócratas que defienden la creencia de que, algunos hombres tienen el derecho de gobernar a los demás por la fuerza, a través de la supuesta justificación de que los hombres deben ser gobernados por otros que suponen por sí mismos que han sido "escogidos" como aptos para ello. Como mencioné antes, los llamo genéricamente Stalin-Hitlers.
Estos sistemas están continuamente involucrados en actos de violencia, cuyo único resultado es obstaculizar el desarrollo del conocimiento y de la economía y la destrucción física del hombre y de la humanidad.
Por lo tanto, como dijo Ayn Rand en "La Ética del Objetivista": "El Capitalismo no es el sistema del pasado, es el sistema del futuro - si es que la humanidad tiene un futuro".
Tomado de The Rebirth of Reason
TRADUCIDO POR RODRIGO DÍAZ
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Rodrigo Diaz
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11:42 PM
Labels: Ayn Rand, Capitalismo, Estado, Gobierno, Objectivism
Sunday, June 07, 2009
Pongamos Fin a la Guerra Contra las Drogas
por Ron Paul
Recientemente hemos escuchado muchas historias impactantes sobre brutales asesinatos y violencia despiadada en relación con la guerra de los cárteles de la droga contra funcionarios mexicanos y de los EE.UU. Estamos aproximandose al punto de una verdadera crisis. Lamentablemente, la administración no va a desperdiciar esta oportunidad para ampliar aún más el alcance del gobierno.
Respiremos profundamente y busquemos en la historia cual es la mejor manera de hacer frente a esta peligrosa situación, y veremos que no faltan antecedentes. La prohibición al alcohol, en forma similar, en la década de 1920, trajo violencia, pandillas, ilegalidad, corrupción y brutalidad. La razón para el uso de la violencia no fue la de que destilar y vender alcohol era inherentemente peligroso. La violencia se produjo a causa de la creación de un mercado negro brutal, el cual también disparó las utilidades de las mafias hasta el techo. Estas utilidades permitieron a delincuentes como Al Capone volverse increíblemente ricos, y a defender a capa y espada su recién adquirida riqueza. Al Capone vio la derogación de la prohibición como una gran amenaza y, de hecho, las operaciones de contrabando y la violencia de las mafias se derrumbaron después de la derogación.
Hoy en día, recoger una botella de vino para la cena es una operación relativamente benigna, y los camiones de cerveza viajan abierta y pacíficamente a lo largo de sus rutas de distribución. Del mismo modo hoy, la mejor manera de luchar contra los violentos carteles de la droga es quitar el soporte a las utilidades al exponer sus operaciones a la luz del sol.
Las personas que, imprudentemente, compran drogas difícilmente optarían por utilizar como fuente de suministro a un distribuidor criminal en un callejón solitario, si la alternativa fuera un dispensario al estilo tienda de café. Además, en un dispensario respetuoso de la ley es probable que se verifique la edad en la identificación y se niegue la venta a menores de edad, como tienden a hacerlo muy diligentemente en bares y tiendas ABC.
Piense en todo el tiempo y recursos que se podrían ahorrar si la aplicación de la ley se centrase en delitos violentos, en lugar del tratar de cumplir el imposible mandato, de estado-niñera, de salvar a la gente de sí misma!. Si estas razones no convencen a quienes combaten la droga, los insto a que vuelva a leer el texto de la Constitución y considerar si hay en ella alguna autoridad para prohibir este tipo de decisiones personales y privadas. Todas nuestras libertades - la libertad de religión y de reunión, la libertad de expresión, el derecho a portar armas, el derecho a permanecer libre de innecesarias requisas y confiscaciones por parte del gobierno - se derivan del precepto que determina que uno es dueño de sí mismo y es responsable de sus propias decisiones. Las leyes de la Prohibición niegan la libre propiedad y son un insulto absoluto a los principios de libertad.
Estoy vehementemente en desacuerdo con el uso recreativo de las drogas, pero al mismo tiempo, si las personas sólo tienen libertad para tomar decisiones acertadas, no son verdaderamente libres. En cualquier caso, los estados deben decidir por sí mismos cómo manejar estos temas y el gobierno federal debe respetar sus decisiones.
Mi gran preocupación es que en lugar de tratar deliberadamente con los actuales problemas, el Congreso sea presionado de nuevo a actuar rápidamente sin reflexionar ni debatir. No puedo pensar en un sólo problema que no hayamos empeorado al proceder en esa forma. El pánico generado por la crisis en ciernes en México no debe ser redirigido a coartar más derechos, especialmente los derechos que defiende la segunda enmienda de nuestra Constitución, como parece ser que se piensa proceder. Ciertamente, más leyes restrictivas del porte de armas en respuesta a la violencia, sólo servirán para desarmar ciudadanos de bien.
Esto es algo para tener en cuenta y para estar en contra.
Hemos intensificado la guerra contra las drogas durante un tiempo suficiente para ver que sólo aumenta la violencia y la utilidad asociada con las drogas.
Es hora de ensayar, en lugar de la guerra, el libre albedrío.
TRADUCIDO POR RODRIGO DIAZ
Posted by
Rodrigo Diaz
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11:20 PM

